Hombre renunció a su trabajo para vivir en una cueva y su interior te dejará 'helado'

Multimillonario se mudó a cueva y todos se quedaron impactados por el interior.

Categoría: Azopotamad - Publicado: 24-05-2018

El hombre descubrió dicha cueva en una ocasión en que paseaba en bicicleta y decidió resguardarse en ella tras una fuerte lluvia, pero fue hasta varios años después que se le presentó la oportunidad de comprarla. Misma que no desaprovechó, pues pensó que era una gran idea convertirlo en su hogar y deshacerse de la ciudad.

Fueron aproximadamente 200 mil dólares los que invirtió Mastropietro y muchísimas horas simplemente para la excavación de más de 80 toneladas de roca, además de tener que perforar para lograr acceder a una corriente de agua dulce. Sigue leyendo la historia de Facebook.

Muchos se preguntaron cómo un hombre tan exitoso, con tanto dinero y una vida envidiable, podría irse a vivir a una cueva, pues hacerlo bajo tierra no era algo que muchos vieran como “normal”.

Sin embargo, sus razones iban mucho más allá de cualquier comentario. Y es que, en el 2007, los médicos le diagnosticaron esclerosis múltiple, enfermedad del sistema nervioso central que provoca que la movilidad se vaya perdiendo.

Esta noticia lo hizo pensar en lo importante que era llevar un estilo de vida más saludable y tranquila. Por eso, cuando se le presentó la oportunidad de adquirir la cueva, no quiso pensarlo demasiado, su familia lo apoyó desde el primer momento.

Para que la cavidad luciera con mucho más espacio, el interior fue pintado de blanco, además, así luciría más luminosa.

Cada espacio fue aprovechado al máximo para cubrir todas las necesidades de la familia y que en verdad sintieran esta cueva como su hogar. Incluso construyeron una chimenea dentro de la sala.

Fue necesario contratar a un equipo de electricistas para tener acceso a la luz eléctrica. En una entrevista, Angelo confesó sentirse muy orgulloso de su nuevo hogar y de la decisión que había logrado, que sin duda esto era una hazaña que recordaría por siempre.

Por: Grecia Sotomayor Araujo

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