
El 2008 no fue un gran año para Roger Federer. Su rival más constante, Rafael Nadal, logró ganar su cuarto Roland Garros, que significó su consolidación como el rey de la tierra batida. El español que tenía 22 años -en ese entonces- no se quedó allí, fue por más y consiguió destronar al rey de Wimbledon en una batalla épica que ha sido considerada como el mejor partido de tenis de la historia. Nadal consiguió ahí el título del Abierto de Inglaterra –según él, éste era el que más había ansiado-, poniendo en jaque el liderazgo de Federer, que poseía por más de 200 semanas seguidas.
En agosto de 2008 se llevaron a cabo las Olimpiadas de Beijing, donde Roger Federer y Rafael Nadal participaron por Suiza y España, respectivamente. Federer obtuvo la medalla de oro en la competencia de dobles junto a Stanislas Wawrinka. Por su parte, Rafa consiguió la presea dorada en singles. Esto le valió 2000 puntos que lo convirtieron en el nuevo número uno de la ATP. El hasta entonces imbatible Roger había caído al número dos después de 237 semanas consecutivas como el primero del ranking –récord absoluto-.

El resto del año siguió siendo favorable para Rafael Nadal, que sin conseguir muchos títulos (salvo el Masters de Canadá), siguió liderando el ranking. Por su parte, Roger Federer pudo campeonar en el US Open, éste era su décimo tercer Grand Slam. Estaba a uno del récord instaurado para Pete Sampras, que levantó 14 copas en 12 años. Sin duda, para Rog éste fue un resultado que le permitió volver a soñar con el número uno y seguir quebrantando records.
Llegó el Masters de Shangai, pero no fue ni Roger Federer, ni Rafael Nadal (que no participó) quienes se merecieron el título de Maestro, sino Novak Djokovic. El serbio de 21 años había comenzado el año pisándole los talones al español, pero esto sólo resultó ser un impulso más para que el mallorquín se esforzara más y consiguiera el primer lugar del ranking. Por lo que Nole se mantuvo en el tercer lugar durante toda la temporada, aunque tuvo un gran cierre de año en Shangai, batiendo al ruso Nikolay Davydenko.
El inicio de 2009 tampoco fue bueno para Roger Federer. En otra final para la historia, Roger y Rafael Nadal se batieron a duelo en el Australian Open, donde el español ganó en 5 sets intensos por 5-7, 6-3, 6-7(3), 6-3, 2-6. El mallorquín demostró que estaba en un momento de superioridad -sobre todo, a nivel mental, ya que físicamente venía cansado luego del partido de semifinales a 5 sets frente a Fernando Verdasco, que fue el partido del torneo-.
Si por algo se va a recordar la final del Australian Open 2009, será por la frase que dijo un Roger Federer en su discuro luego de perder ante Rafael Nadal: ‘Gracias a todos, son increíbles (…) Creo que hablaré luego. Dios, esto me está matando’. El suizo había perdido su primera oportunidad de igualar a Pete Sampras en la cantidad de Grand Slams y no podía creerlo, estaba sumergido en un momento de depresión del que no le saría tan sencillo emerger.
Después del Australian Open, Roger Federer se encargó de hacer que todos los periodistas dedicados al tenis hablen sobre una crisis terrible, que era descrita como el fin de su carrera. Pero el suizo no estaba listo para eso y pronto lo demostraría.
Por lo pronto, Roger Federer tomaba un paso mucho más importante en su vida, lejos de las canchas de tenis. El suizo primero reveló que sería padre en julio y luego hizo un alto a las competencias deportivas para casarse con su novia y ex tenista Miroslava Vavrinek. De este modo, Rog hacía cambios personales que, luego, tendrían un impacto a nivel profesional.
Pasaron meses y torneos hasta que Roger Federer pudo conseguir un nuevo título. Fue en mayo, en el Masters 1000 de Madrid donde lo consiguió. Éste no fue un campeonato más por muchos motivos. Primero porque era un torneo en arcilla, la superficie que más le incomoda. Segundo, porque era el torneo previo al tan esquivo Roland Garros -quizás el evento con el que más sueños y pesadillas tuvo el suizo-. Tercero, porque jugó la final contra Rafael Nadal, quien se preparaba para conseguir su quinto Abierto de Francia. Además, Roger no había podido vencer a Rafa en arcilla en mucho tiempo, por lo que era un gran síntoma de ese nuevo momento en su carrera. Todo esto le dio un valor agregado al título que ganó en Madrid.
Y llegó el esperado Roland Garros. Para Rafael Nadal, la oportunidad de un quinto Abierto de Francia; para Roger Federer, la segunda chance de igualar a Pete Sampras en títulos de Grand Slam. Ninguno estaba dispuesto a ceder una bola por sus objetivos. Una lesión en la rodilla izquierda, el cansancio de semanas consecutivas jugando en arcilla y el gran nivel de Robin Soderling, hicieron que el mallorquín quedará eliminado del segundo abierto del año en cuartos de final. De este modo, Roger Federer y el sueco fueron los protagonistas de la final en París, donde fue el suizo quien conquistó el título. Era su décimo cuarto Grand Slam, el alcanzar a Sampras, el ganar en arcilla. Las pesadillas quedaban atrás, los críticos cambiaban los titulares: Roger había vuelto.
Sin embargo, Roger Federer seguiría ocupando el segundo puesto del ranking por algunas semanas más. Primero tendría que recuperar el título de Wimbledon, arrebatado por Rafael Nadal en el 2008, quien no jugaría por estar lesionado. Si Federer ganaba, sería el hombre con más Grand Slams en el mundo (15). Lo logró con cierta facilidad, ya que llegó a la final habiendo jugado casi todos sus partidos a 3 sets (sólo 1 a 4). Aunque Andy Roddick se encargó de hacerlo esforzar más en el último peldaño para superar a Pete Sampras. El partido terminó 5-7, 7-6(6), 7-6(5), 3-6 16-14. Game, set, match, nuevo récord, vuelta al número uno del ranking.

El 5 de julio de 2009, Roger Federer recuperaba el liderazgo de la ATP, tenía 15 Grand Slams, había logrado permanecer 237 semanas consecutivas en la primera ubicación, tenía cerca de 60 títulos en su carrera y todo había ocurrido en una década. Pero incluso en ese momento, había cierto temor de nombrarlo el mejor de la historia. Aunque para muchos, lo es; para otros, Roger necesita conseguir más.
Pero ¿qué?
Esa es la pregunta que ahora se plantea el mundo del tenis. ¿Qué le falta a Roger Federer para ser considerado el mejor tenista de la historia? ¿O si realmente le falta algo? La ATP no tuvo problemas en elegirlo como el mejor jugador de la última década, lo que nos lleva a que no está nada lejos de ser considerado el más grande de todos los tiempos.
La ATP destacó que Roger Federer los cinco títulos de Grand Slam consecutivos; que hubiera logrado ser el número uno del mundo al cerrar el año en 5 oportunidades; los 24 triunfos consecutivos en finales disputadas entre el 2003 y el 2005.
Los dos últimos años han sido los más cambiantes en el circuito de la ATP, luego de que el reinado de Roger Federer se opacará con la llegada de Rafael Nadal al número uno, que luego bajó al dos, al tres y regresó al dos. Pero eso también ha significado disfrutar de otros jugadores y ver a los consagrados en situaciones extremas. A Federer le tocó vivirlo de golpe. Luego de años como el mejor, quizás se acostumbró a ganar con tanta facilidad –al menos, sus golpes siempre se vieron simples y precisos-. Pero llegó el momento en que se dio cuenta de que aún tenía mucho por mejorar.
El Australian Open 2009 fue el punto de quiebre para Roger Federer. Luego de perderlo y asumir que romper records costaba mucho más trabajo, fue notorio el cambio que dio. Las semanas que pasó lejos de los torneos, preparándose, sobre todo, mentalmente le sirvieron para volver a conquistar sus sueños.
Es por ello que el 2009 fue para Roger Federer el año de plantearse nuevamente las cosas, de reconexión con sus metas. Y considero que este fue el cambio que necesitaba para poder volver a destacar, de la manera en que lo vino haciendo desde que ganó su primer Wimbledon en 2003. Pero ahora todo lo que pueda lograr no servirá para evidenciar que es el número uno, sino para reafirmar que es el mejor de la historia. Aunque eso, siempre podrá ser estar abierto a debate.
Definitivamente, Roger Federer podría seguir cosechando títulos y rompiendo marcas. Podría, por ejemplo, ganar la Copa Davis por Suiza, las Olimpiadas de Londres 2012 (donde espera acabar su carrera), superar los 109 títulos ATP de Jimmy Connors o ganar todos los Grand Slams en un año. Pero también hay que tener en cuenta el juego de Federer, que se caracteriza por un saque fuerte, una derecha fuerte, revés preciso y volea certera, siempre con elegancia.
Finalmente, no creo que a Roger Federer se le pueda seguir exigiendo títulos que aseguren su condición de número uno. Ahora lo único que queda es disfrutar del tenis que nos regala el suizo en cada torneo, en cada partido, en cada set, en cada punto. Y sólo así se podrá entender porqué Rog es el mejor de la historia.
Por: Silvana Sifuentes Cock